Ajuntament de Vallat

Medio Natural

El término municipal de Vallat se caracteriza por estar formado geológicamente, en su mayor parte, por calizas de la era secundaria. El resto del término presenta arcillas margosas de las tierras de labor y gravas y arenas del lecho de sus dos ríos. El clima es suave y cálido y la pluviosidad media anual es de 449.1 litros por metro cuadrado. La composición de los suelos (calizos en su gran mayoría), junto al accidentado relieve, la orientación y la climatología condicionan una vegetación propia de los llamados “Carrascales Calizos Termomediterráneos”. En ellos predominan árboles como la encina de hoja redondeada o Carrasca, el Pino blanco o Pino Carrasco, “el Lledoner” o lidonero y, en el cauce del río favorecidos por la disponibilidad permanente de agua, chopos y olmos comparten las riberas junto a los cañaverales, carrizos, juncos y las jargas o mimbreras. A falta de un río, Vallat tiene dos, ya que recibe todas las aguas del Villahermosa y del Mijares, por su cauce natural y por el túnel de la central hidroeléctrica. Vallat dispone de una fértil huerta, bien abastecida, por las aguas del río Villahermosa. En ella se cultiva una gran variedad de hortalizas para consumo propio y productos naranjales. Entre los cultivos arbóreos predominan los algarrobos, olivos y almendros, característicos de la zona termomediterránea o mediterránea cálida. Vallat está privilegiado por las aguas del río, tanto para el uso agrícola como para el recreo y el baño. El clima mediterráneo de veranos secos y calurosos, junto con una vegetación leñosa y seca, algunas prácticas agrícolas y ganaderas que hacían del fuego una herramienta, y más recientemente las imprudencias de personas inconscientes o irresponsables, han hecho aumentar la frecuencia y el impacto de los incendios forestales, más allá de lo que la capacidad natural de regeneración del ecosistema mediterráneo es capaz de soportar, conviene llamar la atención sobre ese peligro, ya que como consecuencia de él, cada vez son menos los parajes donde queden buenas muestras de la vegetación original, y por ello su valor ecológico y paisajístico aumenta día a día. Al abrigo de un acantilado rocoso, la vegetación prolifera de modo exuberante, mostrando una diversidad de flora que sólo encuentra las condiciones idóneas para su desarrollo, tal es el caso de “La Umbría”, donde a los pies de un acantilado de caliza gris, proliferan todos los matices del verde en abigarrada mezcla. Allí podemos ver todos los árboles citados junto a gran variedad de arbustos como el aladierno o aladern, el enebro o ginebre, el rosal silvestre o gavarrena, el lentisco (matissa) o llentiscle, el brezco común o bruc, etc. En el cauce del río, sobre todo a partir de la confluencia del Villahermosa con el Mijares, los carrizales y juncos ocupan el lugar de los arbustos allí donde el encharcamiento continuo impide la vida de las matas leñosas. Algunos arbustos resultan favorecidos por los incendios gracias a su facilidad para rebrotar de cepa, como la coscoja o coscoll, o porque sus semillas resisten las altas temperaturas del fuego y se dispersan abundantemente después de los incendios, es el caso de la aliaga o argelaga entre los arbustos y los pinos entre los árboles. Delimitando el término de Vallat con el de Espadilla, hay un paraje de singular belleza, donde el agua del Mijares se remansa frente a una impresionante Peña Negra. Mención especial merecen las plantas aromáticas y medicinales como el popular poleo, el té de roca, el tomillo o timonet, la lavanda (espliego) o espigol, el rabo de gato, la ajedrea o saboritja, la siempreviva o manzanilla borda, y muy especialmente el romero o romani. En cuanto a la fauna cabe decir que gira en su mayor parte alrededor del cauce del río: los peces característicos como el barbo, la carpa, la anguila, etc. y los animales que dependen de él para beber: conejos, zorros, erizos, torcaces, perdices, tórtolas, arrendajos, incluso algún jabalí, que visita los frutales de la huerta y deja su huella inconfundible, junto a numerosos paseriformes como las lavanderas, currucas, mosquiteros, ruiseñores, jilgueros, pardillos, verderones, etc. y los innumerables insectos de todo tipo: mariposas, abejorros, libélulas y un largo etc. Por último una referencia a un nuevo cultivo asociado al árbol silvestre más característico de las montañas calizas ibéricas: la carrasca o encina, que además de proteger los montes de la erosión proporcionar leñas de la mejor calidad y purificar la atmósfera, en sus raíces vive asociado a ella el hongo más caro del mundo: la trufa. En las comarcas del Maestrazgo y Els Ports de Morella, y más recientemente en la zona del Toro, Barracas, etc., está tomando un inusitado auge la explotación ordenada de las carrascas truferas en las zonas cálidas menos áridas, como algunas partes del término municipal de Vallat y pueblos cercanos. Como vemos la aparente aridez y desolación de nuestras montañas encierra “secretos” y sorpresas que justifican el interés hacia ellas para las personas amantes de la naturaleza y la tranquilidad, tan escasa en el ajetreado y contaminado mundo actual. Vale la pena conservarlas y evitar su degradación, pues es en su estado original como mayores valores albergan, y la vida de estos montes es nuestra propia vida y el legado para las generaciones venideras.

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